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Egipto y el sol
   
 


Estaba pensando qué incluir en este sitio. A la gente le ha dado por crearse blogs; dicen que son como diarios, pero que los publican en la red. A mí me parece un poco paradógico, creía que en un diario escribías precisamente aquello que necesitabas expresar, pero que no te atrevías a confesar si quiera a aquellos más próximos.

Supongo que estaba equivocada, y que el ejercicio de purga espiritual que supone narrar tus intimidades a una hoja en blanco funciona igual si conpartes su contenido con el mundo entero, sobretodo teniendo en cuenta que la mayoría de esos blogs no los lee nadie. Y la otra mayoría son sólo una gran mentira.

Yo no tengo diario, ni voy a empezar a blogear ahora. Por el momento. Así que escribo aquí lo más parecido a un diario que tengo. Son algunas de mis poesías, y, a decir verdad, no hablan de mi vida. Pero todo verso refleja el alma del poeta, y aunque los míos no sean de mucha calidad, en ellos no falta el sentimiento.





Ordesa y Monte Perdido (Aragón)El fuego arde pero pronto se apaga,

Chispa de rabia pronto sofocada,

Fogonazo de voluntad al momento consumido y agotado,

Sucumbido el fogoso rojo al azul omnipresente,

Que calma y ahoga en silencio los deseos apenas conformados.

 

Se elevan, se retuercen e intentan escapar,

Los sentimientos fugaces que nacen de las sombras;

Pero el agua callada es más fuerte,

Y los apaga.

 

Se escapan algunos en hilos grises que se pierden,

Que se esfuman en la inmensidad del vacío indiferente,

Y el agua queda, siempre el agua, fría y serena;

El agua queda y cubre los sueños y ya nada se recuerda.



Nacedero del Urederra (Navarra)

En los albores del verso,

trazos de ocre en rocas sumidas en tinieblas,

a fogonazos pintados entre cánticos oscuros,    

allí se forjaron las almas peregrinas,

las que buscan en los cielos estrellados

y le preguntan a la luna,

e interrogan al sol.

 
En el amanecer del arte sentido,

con sangre se escribieron los signos del lenguaje,

y con sangre se ocultaron;

y ahora buscan entre espadas

lo que esconden las tierras yermas.

 

Con el viento se levantan las arenas

y se llevan las palabras áridas,

y para siempre se pierden.

 

Aquellos que en la sombra

a pinceladas terrosas conservaron la historia,      

esos lloran ahora,

al ver la luz borrar sus obras,

al ver la lluvia llevarse sus cenizas

y cubrirse de gloria.

 

El atardecer del mundo,

vencido y agotado,

alza sus ojos al universo turbio,

y trata de recordar,

pero sólo le responde el vacío.
 
 


Panticosa (Aragón)

¿Por qué navegar?

¿Qué encontraré tras esa bruma impenetrable que cubre mi mente?

¿Qué encontraré salvo más niebla sin respuesta,

más neblina burlona e insolente,

riéndose de los vanos intentos de mi navío por llegar a puerto?

 

Se abrirán caminos entre la bruma y encontraré tal vez restos de naufragios.

Se abrirán las olas ante mí y apenas divisaré los fantasmas de otros tiempos.

Pero ahora que la brújula gira loca al compás de un destino incierto,

el timón ciego tan sólo prefiere seguir recto.

 

Recto, sí, hacia delante, aunque eso signifique ir hacia atrás.

¿Tan inútiles somos, bruma? ¿Tan estúpidos?

Mi eterna compañera,

ni siquiera puedo ofenderme al oír tu risa ligera.

 

Envuélveme, cúbreme con tus brazos fugaces.

Me tumbaré en cubierta; estoy cansada de otear el horizonte.

Dejaré que mis ojos se cierren, ¿a caso ven cosas mejores?

 

Que avance el barco hacia los acantilados si quiere,

tal vez sea lo más cerca que esté nunca de la costa.

Quizá sea piadoso, ese que conoce nuestros tormentos,

y justo entonces, cuando todo se haga pedazos,

permita que se abra una cortina en esta espesura que nos cubre,

y la vea tan sólo un instante, lejana y borrosa,

contemple esa tierra a la que dicen que pertenezco,

antes de perderme para siempre en el frío mar funesto.


Irlanda por MyTea 

Entre los leños caídos de un bosque que nadie recuerda,

entre los escombros de ciudades dormidas que ya cayeron en el olvido,

entre los fondos de abismos infinitos que ninguno conoció,

allí esperan sombras de esperanzas difusas,

de sueños nunca cumplidos que no quieren perecer;

y, sin embargo, cada día mueren un poquito,

cada día enmudecen más entre los silencios perpetuos

de aquellos lugares perdidos que nadie verá jamás.
 


Urbasa (Navarra) 

¿Por qué buscas hablar

cuando sabes que sólo hay refugio en el silencio?

¿Por qué sigues intentando ir más allá

cuando sabes que sólo hallarás lamento?

 

Guarda tus palabras para quien pueda escucharte,

Aquí, como siempre, donde no está nadie.

Porque hay pensamientos que nunca encontrarán consuelo,

vidas que sólo pueden esperar pasar,

pasar y no volver de nuevo.

 

¿Quién quiere trascender?

¿Quién busca fama y reconocimiento?

¿Quién quiere ser universal?

¿Quién ser recordado más allá de sus días

por su valor y sus actos?

 

No los fantasmas como tú, pequeño.

Esos sólo pueden esperar el olvido,

Y con el olvido, la paz.

 

Esos sólo pueden esperar la eternidad

en las cavernas recónditas que no visita nadie,

esas que cavaron una vez monjes proscritos

y en las que ocultaron las ideas que nunca deben ser conocidas,

para que sólo por los elegidos pudieran ser recogidas.

 

Y los elegidos están malditos.

 

Ellos siempre callarán,

porque las palabras hieren,

y con cada palabra se va su sangre sin que ellos se den cuenta,

y con ella se va la vida que tanto duele,

esa que tanto se mima y tanto se teme,

esa que se desprecia para luego tratar de retener,

porque es lo único que se tiene.

 

Fantasma, guarda tus palabras;

escríbelas aquí, si quieres,

en este papel que nadie lee.

Él se perderá, sí,

él se perderá aunque perdure,

y éste será tu mejor legado.

 

Porque hay almas que sólo pueden esperar el infierno,

ese infierno anónimo que no tiene demonios ni fuego,

y, sin embargo,

es tormento para los seres extraños que lo habitan

y que siempre deambulan solos.

 

¿Por qué quieres hablar?

¿No entiendes que nadie puede comprender tus palabras?

¿No te das cuenta de que no tienen explicación?

 

Hay ideas que deben permanecer ocultas.

Yo soy tu gruta.

Deposita en mí tus palabras

y no esperes aceptación.

 

 


Burguillos del Cerro (Badajoz) 

En las horas oscuras cuando ninguno se levanta

y se hunden las estrellas en el fango olvidado

esperan sombras, porque ellas nunca huyen,

porque hay sendas que nunca nadie ha borrado.

 

En las horas oscuras cuando no está nadie,

cuando el cristal tiembla y sueña con quebrar,

cuando sueña con llegar al vacío omnipotente...

 

Cuando no esté nadie y la calma llegue,

en el mundo de las sombras,

cuando no haya risa ni llanto,

ni dolor ni muerte.

 

Entonces tal vez encuentre una paz

pasajera, quizás, fugaz, efímera, falsa;

sólo una tregua entre guerras atroces sin sentido,

donde no hay estandartes y si los hay ya han caído

y a nadie le importa.

 

En un mundo donde el sol no llega

y nadie le echa en falta,

donde el fuego quema y es maldito,

y la helada noche es morada

y bienvenidas son las tinieblas.

 

Porque nadie ve, porque nadie observa,

porque las sombras se funden y son una

y no son nada.

 

Llega, sí, llega el momento de levantarse de nuevo

y avanzar hacia la luz que daña,

y no decir nada, porque nada importa.

 

En las horas oscuras entre estrellas caídas

firmo esta carta,

y cierro las heridas que nadie conoce

y abro la puerta de nuevo hacia un mundo extraño.

Monasterio de Leire (Navarra)


 

Oh, vientos, ¿a dónde vais? ¿dónde marcháis que nadie puede alcanzaros?

Os toco cuando pasáis a mi lado y con vosotros deseo perderme.

Deseo marchar y sólo ser aire, volar invisible entre todo, sentir todo y partir y no sentir nada.

 

Oh, vientos, vosotros corréis libres entre ciudades y montes,

a todos conocéis y ninguno os importa.

Entre el fuego y las tormentas danzáis, entre la risa y el llanto,

y luego abandonáis todo sin sentir la pérdida.

 

Oh, mar, tu recorres las orillas indiferente,

arrastras rocas y arena siempre sereno.

Y aún cuando las olas se levantan, ¿sientes acaso su furia?

 

Oh, mar, aguas bellas perpetuas,

por siempre posas hermoso ante nosotros, poderoso y terrible;

y permaneces impávido ante nuestra admiración o temor,

impertérrito ante nuestra alegría y nuestra pena.

 

Oh, sol, oh luna, que nos observáis desde lejos,

que contempláis este mundo desde vuestro pedestal inalcanzable;

vosotros siempre grandes ante nuestra insignificancia.

 

¿Qué es el tiempo para vosotros? ¿Qué los largos senderos que recorremos?

Nada significan, pues vosotros domináis todo desde los cielos,

y al mirarnos con indiferencia nada os importa.

Ni si quiera el mar que nos parece tan inmenso, ni el viento salvaje.

 

Oh, viento, ojalá pudiera marchar contigo.

Lejos de aquí, lejos de todo.

Ojalá pudiera abandonar todo y no sentir miedo.

Ojalá abandonara el dolor de mi cuerpo y pasara a ser aire,

a no ser nada y no importar nada,

y nadie sintiera mi pérdida.

 

Sí, ojalá fuera sólo un soplo de aire, una corriente anónima,

y pasara por encima del mar,

volara justo bajo el ardiente sol y la fría luna,

y su majestuosidad no me importara,

porque jamás podría alcanzarme,

jamás podría  tocarme,

jamás podría sentir,

y el que no siente no ama,

y el que no ama no existe,

porque está vacío y no es nada.

Ojalá pudiera no ser nada.

Ojalá la nada lo fuera todo.

Porque el todo duele, el todo duele.

 

Oh, viento, ¿por qué no sientes el todo?

¿por qué no te daña? ¿Por qué no te frena?

 

Oh, viento, ¿por qué existe el sufrimiento?

¿por qué amamos? ¿por qué aspiramos?

¿por qué aún cuanto más nos hundimos siempre hay un pozo más profundo?

¿y por qué aún en el pozo más profundo la luz nos alcanza y nos hiere?

 

Oh, viento, ¿por qué no la muerte y la miseria y la total tristeza?

¿por qué no la desidia y la completa indiferencia?

¿por qué no la inexistencia?

 

Pero hay que vivir, viento, y hay que permanecer.

Y tú sólo eres un sueño adolescente,

un sueño de cuando aún creía en la libertad,

o tal vez tan sólo en el libertinaje.


Nacedero del Urederra (Navarra) 

Los pájaros que vuelan lejos para nunca regresar,

las hojas que lleva el viento hacia ningún lugar,

las rocas desprendidas que arrastra el mar.

 

Todos se pierden.

Todos se alejan.

Todos nos dejan.

 

Los días que pasan y ya no recordamos,

los lugares que de largo pasamos,

las personas cuyos rostros hace ya tiempo olvidamos.

 

Todos se pierden.

Todos se alejan.

¿Todos nos dejan?

 

O los dejamos nosotros,

al avanzar en la vida,

al tratar de alcanzar metas,

al tratar de llegar lejos,

aunque en realidad nada logremos.

 

Nos alejamos, sí,

como el ave que vuela y vuela hasta el final de sus días,

como las hojas que sin voluntad arrastran los vientos,

como los guijarros que recorren playas hasta sólo ser arena.

 

Creemos saber a dónde vamos,

y, sin embargo, sólo somos juguetes del tiempo.


Cataratas del Niagara (Canada) 

Oh, niebla, ven hoy y cubre estas tierras.

Oh, niebla, avanza despacio por los campos desiertos,

cubre con tu manto los valles del silencio.

 

¿Quién verá entonces al anciano cansado y derrotado?

¿Quién al niño que llora por su juguete roto?

Nadie, nadie sabrá de su presencia.

 

Viento, viento que paseas sin prisa,

detente en estas tierras que yo habito,

detente y no te lleves nuestros gritos.

 

¿Quién oirá entonces gemir al anciano?

¿Quién podrá escuchar el llanto del niño?

Nadie, nadie sabrá de su existencia.

 

Y quedaremos solos, en estos campos que nadie visita.

Quedaremos para siempre envueltos en la niebla.

¿Quién sabrá de nuestro dolor? ¿Quién de nuestros sueños?

 

Nadie, nadie... porque nadie hay más allá, nadie habrá.

 

Viento que pasas sin saber,

niebla que caes ajena

a los mundos que ocultas bajo tu manta ligera,

quedaos donde estáis, no os marchéis.

 

Porque, ¿qué saben los que viven más allá

de la inmensidad de la noche,

de lo que alumbran las lejanas estrellas?

 

Nada, nada, nada saben, nada sabrán

mientras permanezca la niebla.


Pompeya (Italia) 

Buscas las respuestas en el cielo despejado de la noche

y las estrellas te arrastran hasta su mundo de ensueño,

y te pierdes.

 

Y al despertar con la luz del sol cegando tu sueño,

descubrirás que aún tienes más preguntas

y las respuestas las siguen guardando las estrellas.

 

¿Qué te susurraron las estrellas?

¡Mentiras! ¡Fábulas!

Te hablaron de mundos lejanos y tiempos perdidos,

te transportaron lejos a través de la nada.

 

Y sólo al volver,

al tocar ausente la tierra húmeda sobre la que reposabas,

descubriste que estabas solo

y que ellas se habían ido, riendo;

te habían abandonado y retornaba la angustia,

pues el día te descubría las heridas abiertas,

las preguntas no resueltas.

 

¿Qué te susurraron las estrellas?

¡Mentiras! ¡Fábulas!

Y, sin embargo,

deambulas esta tierra bajo el dominio del sol

deseando tan sólo que llegue la noche.


Tablas de Daimiel (Ciudad Real) 

Último día.

Estamos tirados en el recibidor.

Hace poco ha pasado la tormenta.

La lluvia que borra los recuerdos.

El ruido atronador en la noche que acalla nuestras voces,

que hace liberarse a nuestros sueños

para desgarrarlos de nuevo.

Último día.

Una conversación sin destino.

Unos minutos perdidos.

El tiempo pasa y nuestras vidas se van

y parten lejos

y ni si quiera sentimos su pérdida

hasta que es demasiado tarde

y ya no nos vemos.

 

¿A dónde lleva el viento nuestros sueños suspirados?

Nuestros deseos confesados a la noche,

¿dónde la oscuridad los guarda?

Lejos, lejos, donde nunca podamos encontrarlos,

en los puertos a los que no llega ningún barco.

Los buscaremos alguna vez, de nuevo,

y nos perderemos en la noche.

Y ésta será fría entonces,

nos soplará el viento helado.

Y le preguntaremos:

¿A dónde van nuestros sueños?

¿A dónde el viento que amamos?

¿La noche que fue nuestra amiga?

Se perdió, sí, se perdió y nos perderemos todos.

Maldita la noche.


Windsor (Canada) 

La noche.

Una manta suave y cálida que nos envuelve.

Nos abraza con delicadeza y nos protege.

Y nos mima.

 

La noche.

Fría y distante nos mira.

Con desdén observa nuestra muerte silenciosa.

En su oscuridad perecemos.

Y no le importa.

 

La noche.

He salido a mirar las estrellas y me he sentado.

El viento ha pasado a mi lado, sonriendo.

Ella, amiga, ha bajado.

Un susurro me acompaña.

 

Noche:

Mientras los amantes se funden

y los solitarios se abrazan,

¿dónde guardas los tesoros prohibidos?

¿dónde ocultas a aquellos que aguardan?

 

Cuando ellos lloran, cuando ellos gritan,

y su grito desgarra tus estrellas,

¿escuchas sus quejas? ¿calmas sus llantos?

 

Quizá sólo los arrastres hasta la oscuridad inmensa

y allí acalles sus voces hasta camuflarlas en silencio,

y el silencio nos hace ignorantes y nos impide sufrir.

 

Noche:

Reímos, bailamos bajo tu sombra sin miedo.

Pero allí están ellos. Allí estaremos algún día.

Partiremos algún día, quizá sin siquiera saberlo.


Panticosa (Aragón) 

No, no temas la noche, pues la noche es tu aliada.

Es fría y sombría, es cierto, pero...

Ella será tu manto y te abrigará de las gélidas miradas,

ella con su oscuridad te protegerá de aquellos que te persiguen.

Huye con la noche, confúndete entre sus sombras.

Nadie verá tus lágrimas y ella te consolará, silenciosa y ajena.

 

Se pasean los muertos por estas calles esta noche.

Mézclate con ellos, sin rumbo.

Los muertos no oyen ni ven, los muertos no hablan.

¿Qué puedes temer? Los muertos no hieren.

Comparte tu dolor,

pues sus almas peregrinas también sufren en silencio

y se amparan en la noche para llorar sin ser vistos.

 

Huye con la noche, mi amado desertor;

no mires atrás, mi pequeño rebelde.

La luna es tu guía,

las estrellas marcan tu camino hasta el amanecer.

 

¡Cuánto duelen las palabras! ¡Cuánto los actos!

Estás solo, atrapado en ese invisible fuego cruzado.

¿A quién le importas?

Los vivos, impasibles, aliados del sol, te hostigan sin descanso.

Y tú huyes, llorando,

porque amas incluso a aquellos que dicen ser tus enemigos

pero te sientes abandonado por los que se llamaron amigos.

 

Maldito fuego mortal que extenúa tu alma cohibida...

 

Huye con la noche que seca tus lágrimas.

Y cuando llegue la luz,

ocúltate, porque eres proscrito;

escóndete, porque soldados despiadados te persiguen.

Ya no tienes hogar, ya no tienes refugio.

 

Pequeño, ¿qué fue de tu inocencia?

¿Qué fue de la ternura de tu infancia?

Recuerdo haberte acunado, sonriéndote;

y ahora sólo puedo abandonarte a los designios de la calavera.

Ahora sólo puedes huir,

huir y esconderte entre sombras y muertos.

Éste es el destino para los que vivir quieren. 


Duna de Pila (Francia) 

¿Para qué seguir, si ya todo está perdido?

¿Para qué continuar, si ya todo para mí ha sucumbido?

¿Qué puede existir más allá, donde los sueños han muerto?

¿Qué puede alzarse más allá de todo pensamiento?

 

Puede haber mar en ese mundo nuevo pero no será salado,

puede haber pueblos pero estarán despoblados,

puede haber personas pero el alma atrás habrá quedado.

 

¿Por qué avanzar?

¿Hacia dónde caminar cuando el camino ha sido destrozado?

¿Por qué seguir?

¿Hacia dónde marchar cuando todo lo que buscabas ha sido ya expoliado?

 

Puede haber grandes tesoros en ese mundo nuevo, pero...

¿Para qué oro cuando no hay nada que comprar?

¿Para qué riquezas si no hay nada que quiera ya poseer?

 

Camino aunque perdida,

en medio de un desierto camuflado de océano,

en un llanto envuelto en sonrisas,

en una muerte escondida entre supuestas vidas.

 

Miro al sol y creo odiarle y le digo que se marche.

Pero cuando se va...

Llega la luna y la temo más de lo que la luz temía.

La miro también con desprecio y le digo:

Márchate.

 

Busco soledad más allá,

la persigo con la mirada pero nunca la alcanzo.

Porque en mi necedad no me doy cuenta de que camina a mi lado.

 

Fantasma, no me dejes,

no te vayas tú ahora que todo se ha ido.

Porque no quiero seguir y...

si tú te vas, yo marcharé contigo.

 

¿A dónde ir, si ya todo se ha consumido?

¿Para qué continuar cuando ya no queda nada por lo que luchar?

 

He apostado mi alma y la he perdido.

He regalado el resto, pero nadie lo ha querido aceptar.


Capri (Italia) 

¡Resulta tan fácil continuar!

Resulta tan fácil seguir como si no ocurriera nada...

Y luego piensas, y sientes, y temes.

Te dices, ¡resulta tan difícil continuar!

 

Porque hay destinos que nunca se han escrito,

hay lugares para todos malditos,

hay vidas a las que es mejor renunciar.

 

Y entonces, cuando tus manos se manchan de sangre,

cuando por tu sangre fluye ese veneno,

cuando el veneno mata el corazón...

 

¿Qué hacer? ¿Cómo seguir?

¿A quién mentir y para qué?

 

Hay lugares que deben ser negados,

destinos que más nos vale ocultar,

vidas que es mejor rechazarlas.

 

Y si yo pudiera tan sólo olvidar,

despertar un día y nada recordar,

negarlo todo y no sentir nada...

 

Si todo fuera tan simple como cerrar los ojos

y encontrar otra Tierra,

abrir un día esa misma ventana

y descubrir otro Sol...

 

Si mis sentimientos volaran como vuelan mis palabras,

si se olvidaran como se olvida mi voz...

 

Pero, oh, no...

hay caminos que uno no puede borrarlos.

E intentas negarlos, intentas ocultarlos,

ah, insensato...

Intentas destruirlos, intentas olvidarlos,

ah, iluso...

Y siempre están ahí.

 

Si yo pudiera tan sólo olvidar,

si pudiera dejar de sentir y de pensar...

dejar de temer, dejar de creer, dejar de actuar...

 

Si yo pudiera, mamá,

negarme a mí misma...

 

Porque hay palabras que es mejor no pronunciar,

hay ideas que es mejor callar,

hay deseos que es mejor no comentar.

 

Y uno prefiere no soñar,

porque teme encontrar allí su respuesta.

 

Y uno elige no pensar,

porque teme no encontrar respuesta.

 

Hay mundos tan perfectos...

Si fuera tan fácil decir y hacer,

pensar y actuar en consecuencia.

 

Pero hay mundos que están mejor ocultos...

 

Y yo quisiera ser lo que no soy,

pero esto soy,

y si pudiera cambiar, cambiaría.

Si me dieran a elegir, elegiría ser tú,

pero... esto soy.
 


Tablas de Daimiel (Ciudad Real) 

¿Quién pudiera escapar de tus suaves manos?

¿Quién pudiera escapar de tu prisión invisible?

Ah sí, porque yo también he pensado en marchar.

 

Y nadie lo nota, ocultas mis lágrimas en la lluvia intensa,

y nadie se fija, envueltos todos en esta falsa libertad.

Pero, sí, yo también he soñado con soñar.

 

¿Quién pudiera negarte, ignorar tus pasos?

¿Quién pudiera ocultarse? ¿Huir de tu mirada impasible?

Ah sí, porque yo también he deseado acabar.

 

Y nadie se da cuenta, ajenos, en su historia perfecta,

y nadie dice nada, envueltos en esa efímera idealidad.

Pero, sí, yo también he temido continuar.

 

Por qué, mundo, dime por qué...

 

¿Quién pudiera, quién pudiera serlo todo y no ser nada?

¿Quién pudiera vivir y soñar, sentir y no sufrir con cada mirada?

¿Quién pudiera tener la libertad y no abandonar su casa?

 

Por qué, mundo, dime por qué...

 

Pues yo he soñado con la muerte y con el pecado.

Me he acostado y he sentido sólo viento helado.

He despertado, junto a ti, y... ¿qué he encontrado?

 

¿Quién pudiera entender lo que nunca se ha explicado?

Ah sí, porque yo también he deseado, he tratado de esperar.

Pero sólo he logrado hacerme daño; me he resignado.

Sólo he logrado maldecirte, maldecirme, y desesperar.


O Grove (Galicia) por Potrolocuelo, 1978 

Hoy el mar está en calma,

Y las suaves olas bailan,

Entre la limpia espuma,

Apenas balanceando esta barca.

 

Hoy, derrumbada sobre la roda,

No puedo siquiera remar,

Y dejo que la corriente me lleve,

Me guíe quizá a puerto o a donde quiera que va.

 

Hoy, el sol en lo alto,

Ilumina mi barca despintada,

Rozan sus rayos mi piel, mi ropa mojada,

Y me intentan secar.

 

Hoy, por fin, he desistido,

Y, exhausta, sólo espero el final.

Ya sé que todo está perdido:

Mis compañeros muertos, mi barco hundido.

 

Hoy, Dios mío, me he arrepentido,

He olvidado aquel tesoro,

Mi bandera, mis armas, mi ser.

Quiero morir en paz.

 

Hoy, en mi agonía,

He visto la crueldad de mi vida,

Los falsos sueños, las ilusiones perdidas,

El sin sentido de todo y mi pesar.

 

Hoy, mar, sobre ti quedaré dormida,

En una tormenta escondida,

Y será mi ataúd esta barca

Y el bramar de tus olas la plática final.

 

Hoy, que lloren tus aguas mi muerte,

Ya que yo por ti di mi vida,

Y aunque sepas que di la batalla por perdida,

Ten piedad, por ti luché, y aún hoy quiero luchar.

 

¿Cómo negar lo que somos? ¿Cómo traicionar ese ideal?

Pueden existir mentirosos y traidores, mi amado mar,

Pero aunque calle como cobarde, tú lo sabes,

Yo siempre seré un marinero y un soldado,

Una causa perdida que un día muere,

Quedando ahí su doloroso recuerdo, su estandarte derrotado,

Y esa espada todavía manchada de sangre.


Ordesa y Monte Perdido (Aragón) 

Aquellos que buscan en las tinieblas la luz,

Sí, aquellos a los que nadie dice conocer y nadie conoce,

Aquellos perdidos que nunca parecen encontrar la salida,

Están ahí, entre estas corrompidas calles que todos transitan.

Y tú no los ves, porque estás dormido.

 

Tras toda puerta cerrada hay un secreto que ocultar.

Todo día tiene su noche y toda noche sus estrellas,

Y algunas, escondidas entre nubes perversas, tratan de no brillar.

Pero están ahí.

 

Mira que hay cuevas que nadie visita.

Mira que hay fechas que nadie conmemora.

Mas hay quienes recuerdan ese día en silencio,

Y se preguntan si volverá otra vez.

 

Porque entre las sombras del pasado

Se proyectan futuros oscuros,

Y esos nadie reconoce.

 

Porque uno cuando sueña no quiere despertar,

Porque entonces caerá de las blancas nubes

A la negra realidad.

 

Y tras esa máscara que cubre todo rostro,

Agazapado espera otro destino,

Porque hay muchos mundos pero sólo hay uno,

Muchas imágenes pero una sola es real,

Y ésa se oculta, porque tiene miedo.

 

¿Te preguntas de qué?

Respóndete.

¿Qué temes?

¿Qué teme tu frágil corazón?


Pineda (Aragón) por Amaia 

Cuando las estrellas brillen en lo alto,

Cuando el sol caiga y rompa en pedazos,

Cuando nada esté.

 

Cuando, no sé, tal vez tú no existas,

Cuando quizá no exista yo,

Entonces iré.

 

Porque existen lugares ocultos,

Universos escondidos,

Destinos rechazados...

 

Pero están ahí,

¿o no lo están?

Y yo los veré.

 

Cuando el viento calle en el mar,

Cuando la luz se apague,

Cuando no esté nadie...

 

Porque nada está,

Porque nada habrá,

Porque todo muere.

 

Y cuando marches tú,

Cuando marchen todos,

Yo marcharé.

 

Allí, a ese lugar que me dijeron que existía,

Ese mundo que me comentaron no había muerto,

Ese sitio que decían que me esperaba.

 

¿Y quién me dijo que existía?

¿Cuándo brillan las estrellas?

¿Alguna vez marcharán todos?

 

Porque existen mundos y existe un mundo;

Existes tú, existen todos, ¿existo yo?

Existiré.

 

Porque las olas me llaman,

Me gritan los bosques,

Clama el desierto.

 

Porque el asfalto acaba y llega el polvo,

Porque todo está por construir en esa esquina,

Porque estoy yo y no está nadie.


Pineda (Aragón) por Amaia 

En la tormenta esperó,

bajo la lluvia empapado,

viendo caer los rayos,

lanzas contra campos y poblados.

 

Y quiso sentir temor

al oír la amenaza del trueno;

pero en la desolación

creyó en su lugar encontrar consuelo.

 

Con la furia del agua se envolvió

y al notar temblar la tierra,

él también se estremeció

pero sintió paz y no pena.



Detroit (Estados Unidos) 

Aquí estoy,

historias escritas con tintas extrañas,

intento leer entre vuestras líneas

trazos de verdad.

 

Aquí estoy,

piedras talladas cubiertas de telarañas,

frágiles papiros que la luz etérea

trata de quebrar.

 

Quiero ver a través de los tiempos,

viajar a las estepas, recorrer los desiertos;

quiero que en mi corazón se grabe

aquello que mis ojos no pueden mirar.

 

Aquí estoy,

libros olvidados, bibliotecas sumergidas,

templos sin piedad destruidos

por orgullo y vanidad.

 

Aquí estoy,

donde también el poder escribió su guía

y alguien aquel gran secreto

Intentó desentrañar.

 

Quiero saber, quiero conocer,

aunque el universo no me vaya a responder;

quiero que mi alma explore

y en el camino se pierda.

 

Ya sé que esta senda no tiene final.


Irlanda por MyTea 

Esta noche de estrellas apagadas,

Me uno de nuevo al papel y al olvido.

Niego el dolor y éste no me reconoce,

Me aferro a la alegría y ésta es efímera.

 

Esta noche es demasiado clara,

Y la luz de la mañana es sólo una sombra.

No siento ya la sangre derramada.

Busco calor pero vivo en la tundra.

 

Esta noche los sueños no me reconfortan,

Tal vez porque la vida ya me alcanza.

Mas he aprendido a llorar sin lágrimas,

Y la felicidad no me importa.

 

Esta noche de nuevo mi corazón grita,

Pero el papel es sordo y no tiene voz.

Paseo por este cementerio

Y sólo hay resignación.



Las Landas (Francia) por Sara

¡Aléjate! Porque cae el fuego en el olvido.

¡Aléjate! Porque las cenizas sepultan tu lecho.

¡Márchate! A donde tu viejo sol no llega.

¡Márchate! A donde tu planeta no exista.


Porque tú no existirás jamás,

serás enterrado con el fuego en que creciste.

Porque tú eres llama y el agua acecha,

pero este agua seca manantiales de luz.


¡Aléjate! Y sé sombra, más vale sombra que nada.

¡Aléjate! El universo te espera, desertor en las fronteras.

Yo te seguiré porque soy un cobarde,

nunca ame el fuego pero jamás querré sus cenizas.


Porque ahora nada existe en donde nací,

y lo que después exista no me querrá a mí.

Porque somos los restos de algo pasado,

los cimientos de algo futuro, nuestro presente.



Estella (Navarra)


Vino una vez, como suave viento gélido,

como sombra negra, sobre los míos calló.

Y todos lloraron, destino de antemano señalado,

final de todos conocido, que entonces llegó.


Oh, maldita, rechazada por todos,

odiada y silenciada, la que nadie reconoció.

Se pasea hoy entre nosotros, se ríe,

manto de la noche, que ya nos cubrió.


Se sonríe, porque la creemos lejos,

compañera en el viaje eterno que ya comenzó.


Y todos callaron, y todos callan.

¡Hablad! ¡Contad a todos lo que pasa hoy!

Hoy respira a tu lado, hoy dormirá contigo,

descansará en tus sueños, como siempre descansó.


Vendrá una vez, te llevará consigo,

yo lloraré tu muerte sin razón.

Mas, oh maldita, que la he deseado,

peor fue el final de mi espíritu que ya pereció.


Porque hay muertes y muertes

que se esconden en estas calles,

rostros mudos de los que nadie habló;

mundos asesinados, tierras destruidas,

ideas destrozadas en cualquier ciudad;

y sobre ellas el pasado calló.


Oh, sí, llorad, temblad y llorad,

porque ella acecha;

temed, temed el futuro

que ha de forjar.


Yo, yo no tengo miedo,

ya he muerto muchas veces,

ahora sólo espero resucitar.



Los niños lloran y los ancianos no tienen consuelo que ofrecer.

Los rostros sombríos de un pueblo fijos sobre una hoguera.

Las llamas que se alzan y devoran el cielo al amanecer.

Las llamas son brazos destrozados que claman y desesperan.


Todos escuchan al fuego pero no pueden respondedr.

Todos observan y no quiren creer.

¡Ojos, apartaos de esas llamas malditas!

¡Huid! ¡Marchad lejos donde el dolor no exista!


¿Por qué el llanto es la lluvia que empapa todos nuestros campos?

Podemos correr hasta los confines del mundo y nos seguiremos mojando.

Apagará la lluvia la hoguera de la infamia, se consumirán ambas.

Se llevará el viento las húmedas  cenizas y las arrojará al pasado.


Y seguirán los ojos clavados en la tierra quemada.

Cesará el llanto pero nadie apartará la mirada.

Las sombras partirán lejos entonces, olvidarán el fuego,

y en el terreno que no olvida sólo quedarán ellos.


Se alzarán más hogueras sobre el cielo impertérrito,

cubrirá la lluvia otras zonas sin recuerdo,

pero los rostros inmóviles no oirán los nuevos gritos,

para esta gente ya ha ardido el infierno.


¿Qué piensan, qué creen los que los  fuegos levantan?

¿Qué sienten ellos al danzar entre las llamas?


Hijos de las tinieblas, cuando abráis los ojos

y veáis la destrucción de la Tierra,

¿bailaréis también sobre las llamas que avanzan?


Y cuando os envuelvan éstas, vuestras amas,

cuando os abrasen y a vuestro alrededor todo sean sollozos,

¿sonreiréis aún, reiréis como enloquecidas fieras?


Tal vez, tal vez hasta que vuestro cuerpo aguante,

pero cuando el alma desnuda quede sola y aparte,

lloraréis, lloraréis como niños desconsolados,

mas nadie quedará para secar vuestras lágrimas a vuestro lado.


¿Dónde quedaron los héroes? ¿Dónde los que los vitorearon?

Huyeron los últimos y en las profundidades se ocultaron

y con vergüenza la tumba de los primeros destrozaron.


Trataron de olvidar, trataron de negar y los renegaron.

Mas no pudioeron borrar la amargura de las lágrimas que derramaron.

Nunca podrán, porque las sombras seguirán ancladas al pasado.

San Juan de Gaztelugache (Vizcaya)



Una flor en el agua,

Que la corriente arrastra,

Una estrella fugaz

Que un instante brilla.

 

Trato de recordar

Su color, su textura,

Tal vez su olor,

Quizá su forma.

 

Trato de ver de nuevo su estela

Ese pequeño punto de luz

En el firmamento negro,

Pero nada se ilumina.

 

El pasado es borroso

Y hasta los buenos momentos se pierden.

Hasta los recuerdos

Nos los arrebata el implacable tiempo.

 

¿Cómo era su voz? ¿cómo era su rostro?

¿Cómo eran los paseos al borde del mar?

¿Aquel helado compartido en noches calurosas?

 

Nuestra memoria imperfecta

arranca los retazos de vida

Que la muerte nos reserva.

 

¿Cómo resonaban sus pasos en aquella casa?

¿Cómo olía aquel bizcocho recién salido del horno?

¿Cómo flotaba el humo en la estancia?

 

Maldita la mente que distorsiona los  recuerdos

Y cuando buscamos a los seres amados

Con la esperanza de sonreír de nuevo,

Sólo encontramos sus espectros.



Key West (Estados Unidos) por Joe

Hay caminos que deseas negar,

porque en ellos se levanan zarzas y espinos.

Hay campos en los que deseas perderte,

porque en ellos descansas tranquilo.

Mas la vegetación que se agita a tu lado

anuncia la gran tormenta

que espera siempre, aguardando el momento de cosecha.


Porque el tiempo pasa bajo la luna y las estrellas

y la senda con su amenaza siempre acecha.

Navegante del mar verde, nadie permanece por siempre en el océano

y sólo en el puerto se encuentra el descanso eterno;

sólo cuando por fin cruces la senda,

desapareceran las dudas, los miedos y las penas.



Hay luz

lejana, perdida, ajena.

Pero hay luz,

difusa, oculta, dormida.


Sólo tengo que mirar más allá de tus ojos,

sólo tengo que viajar más allá de tu rostro,

escapar de tu mirada complaciente

y encontrar otra verdad allí latente.


Porque hay luz,

detrás de los montes oscuros del olvido.

Hay luz,

en el horizonte enmudecido.


Intentas atrapar mi mirada,

con tu pose sereno;

me tratas de engañar,

como si conocieras el misterio.


Me sonríes apenas

y me impides seguir,

tú que guardas las tinieblas.

Pero yo sé que está ahí.


Luz, luz,

¿quién pudiera alcanzarte?

¿Quién pudiera escapar de su mirada

y lograr tan sólo tocarte?



Oh, maldito, yo te llamo, yo te nombro.

Sal de las tinieblas que te guardan.

Oh, tímido espectro, yo te invoco.

Sal de la noche eterna que te salva.

Porque la luna te engaña, reina de plata,

emperatriz de toda sombra.

Porque dice protegerte y te retiene con palabras.

No te ocultes de la luz, fantasma;

no temas mi antorcha de fuego.

No huyas, no tengas miedo,

porque yo no te temo.

¿Dónde se esconden los secretos de los muertos?

¿Qué es aquello que celosos guardan?

¿Cuándo cayeron sus voces para ser sólo ecos?

¿Por qué es que ya no cantan?

La luz te daña, el sol te atormenta.

El mundo negro, silencioso, te salvaguarda.

Pero yo clamo tu nombre por todos maldito

y por ti y para ti levanto esta hoguera.

¡Que las llamas penetren la oscuridad eterna!

¡Que ardan hoy la luna y las estrellas!

Hoy elevo esta antorcha entre las sombras.

Hoy lazo la voz en estas calladas horas.

No ocultes tu alma en las cuevas recónditas,

no encierres más tu ira, no aguarde más tu venganza.

Porque yo soy tu guía, yo soy tu instrumento y tu arma.



¿Por qué lloras esta noche, pequeño?

¿Por quién sufres hoy? ¿Quién te hace daño?


Alguien te escucha más allá,

más allá de uno mismo, donde se busca la ayuda.

Alguien te hiere más allá,

más allá del refugio, donde está tu tortura.


¿Has encontrado consuelo, pequeño?

Yo os miro a todos y no entiendo, decis:

donde está la enfermedad está la cura.


Paseo por este mundo, fantasma, os observo,

desde la lejanía y a vuestro lado,

hablándoos y en silencio.


Todos lloráis, todos lloran.

Todos sufrís, todos sufren.

Pero todos reís, todos ríen.


Pequeño, sigue riendo como ríen todos.

Porque dicen, no lo sé, que tras toda tormenta llega la calma.

Mas, te digo yo, que los náufragos sólo conocen la cara amarga.

 No te dejes vencer, porque los fondos que esperan ser tu lecho están helados,

y los muertos que serán tus compañeros en su sufrimiento estarán enfrascados.


Y, ¿quién conversará con tu alegre espíritu, pequeño?

¿Quién lo consolará cuando el mar cubra todos tus sueños?


Oh, yo lo haría pero ya estoy muerto, por eso no me oyes,

por eso no me ves cuando yo te veo.

Difícil es entender cuando todo es absurdo;

no trates de comprender, sólo vive, pequeño.



¿A dónde marchas esta noche, pequeño?

¿Hacia dónde vas, oculto y en silencio?


Te he visto moverte entre las sombras infinitas que proyecta esta ciudad.

Te he observado, escondiéndote entre las oscuridades de este anónimo lugar.


¿Hacia dónde huyes, callado y solo?

¿A dónde marchas, niño amado?


Hoy parte del puerto un barco que no tiene destino alguno.

Muchos hay que aseguran esperarlo y sin embargo él no espera a ninguno.


¿Hacia puerto vas, pequeño?

¿A tomar ese navío, corriendo?


No vayas, inocente niño, porque los que con él van, nunca vuelven.

No me abandones ahora, jovenzuelo, no hagas que mis ojos lloren.


Mira que desde esta esquina os veo partir a todos,

algunos incluso sonriendo;

os veo desaparecer a todos, temerarios navegantes,

algunos también sollozando.


Unos tienen miedo del desconocido mar eterno

y se resisten a su tierra abandonar,

pero otros, como tú, pequeño,

miran indiferentes su futuro, seguros de que nada malo ocurrirá.

Algunos fletan esa nave maldita impasibles,

porque dicen no temer el posible final.


Oh, niño por mí querido, no ocultes tu llanto en el cruel pasado;

yo sé que has sufrido como esos sufren ahora, yo sé que has llorado;

yo sé que esta ciudad marchita también has amado.


Oh, niño que te sientes despreciado, mira atrás, a lo que has dejado,

siente por última vez algo, que aún eres humano,

y dime que tu corazón todavía late por algún ser que queda a este lado.


¿A dónde marchas esta noche, pequeño?

¿Hacia dónde huyes, oculto y en silencio?


Mira que el mar que dice esperarte es mentiroso y traidor,

que dice apreciarte y sólo busca deleitarse con tu dolor.


Observa atento a ese que dice que te protegerá,

observa: el agua sólo busca agua, la muerte sólo muerte buscará.


No subas a ese barco ajeno que lo veo alejarse siempre lleno

y, sin embargo, vacío siempre resulta regresar.


No te enroles en él, porque su capitán es el primero

que lo veo partir siempre y nunca de nuevo arribar.


Quédate conmigo, que en esta esquina tengo mi hogar.

Quédate conmigo, que te ofrezco un hueco en este lugar.


Mira que aquél sólo quiere engañarte, niño amado,

porque sabe de tu sufrimiento y quiere aprovecharlo.


Pero ese mar hacia el que van está vacío,

en él no encontrarás paz ni felicidad.

Por eso los que son astutos ahora lloran,

que algunos no quieren la tierra,

pero saben que el mar no los consolará.


No te vayas, muchacho, no te marches con ellos,

que yo encontraré para tí otro camino;

otro puerto, otro barco, para los desvalidos;

otro mar para aquellos que navegar han querido.



Oh, ¿quién pudiera marchar lejos,

huir hacia algún lugar lejano y perfecto

y no regresar?


Oh, ¿quién pudiera atravesar el tiempo,

llegar hasta aquel futuro que dicen incierto

y no fracasar?


Pero... ya ves, el pasado que forjamos

ya no puede cambiar;

la vida, las batallas que sin temor libramos,

ya no volverán;

el mundo, los estandartes que una vez levantamos,

ya han quedado atrás.


Mas... no llores al ver que todo es inútil,

no temas aunque sepas que has de fracasar;

no te entristezcas al ver que todo acaba,

no tengas miedo aunque sepas que nada cambiará.


Oh, ¿quién pudiera hacer realidad sus sueños,

crear su mundo de paz, justicia, orden y respeto,

y terminar?


Si hoy llegara mi día,

si aquí acabara mi vida,

qué triste sería tener que abandonar.


Y, sin embargo...


Nada cambiará cuando llegue el día,

todo será igual;

una colección de ilusiones perdidas,

mundo de niños jamás realidad.


Todo será igual cuando llegue el día,

nada cambiará;

un equipaje lleno de ideas no compartidas,

sueño imposible jamás real.


Hoy, mañana, o cuando sea,

nada importará...

Aquí, allí, o donde sea,

nada variará...


Pero no dejaré de creer aunque digan que es mentira,

no dejaré de luchar aunque sepa que la batalla está perdida.

Porque éste es mi sueño, mi ideal, mi estandarte;

éste es el senido de mi vida, por ello sigo adelante.


Vosotros, tan cerca y tan lejos, que entendéis mis palabras,

no desistáis, continuad con el legado.

Vosotros, tan lejos y tan cerca, que no comprendéis mis actos,

perdonad, entended que no puede ser negado.


Oh, ¿quién pudiera...

                                 ....ser....

                                .....vivir....

                                ....sentir....

      ....y no sufrir, no herir con cada mirada?

Yo quisiera, pero no puedo elegir.




 
   
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